jueves, 5 de mayo de 2011

Lentejas con chorizo

Mis lentejas con chorizo. Ingredientes:

  • lentejas remojadas del día anterior
  • chorizo rojo
  • panceta
  • 1 zanahoria
  • 1 pimiento verde
  • 1 cebolla
  • 6 tomates peritas
  • ajo



Procedimiento

  • cocer en cacerola aparte el chorizo y la panceta
  • rehogar en una sartén las verduras troceadas
  • cocer en una olla express las lentejas


Yo pongo cada cosa a cocer por separado porque a veces el chorizo o la panceta comunican un sabor a rancio o salado a las lentejas. Por otro lado, pienso que las verduras no necesitan cocción, sino con un rehogado es suficiente.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Budin de espinacas y zanahorias

Essen shop.

Hamburguesas especiales


La imagen no tiene porque coincidir exactamente con el resultado de la receta.


Para 4 personas
400 gr. de carne picada de ternera
200 gr. de carne picada de cerdo
6 ajos frescos
1 pimiento verde
200 gr. de champiñones
2 zanahorias
1 taza de arroz cocido
2 tomate
2 cucharaditas de pimentón dulce
aceite virgen extra
sal
pimienta
perejil
- Para la ensalada:
hoja de roble
canónigos
cebolletas
aceite virgen extra Hojilblanca
vinagre
sal


Pela las zanahorias, limpia el pimiento, los champiñones y los ajos. Pica todo finamente y saltea en una sartén con un poco de aceite. Cuando están a punto añade el pimentón dulce. Salpimienta las carnes y ponlas en un bol, mézclalas bien, agrega el arroz cocido y sigue mezclando.
Añade las verduras y un poco de perejil picado a la mezcla de carnes con arroz. Amasa con las manos. Forma las hamburguesas y cocínalas sobre una plancha con una gota de aceite. Corta los tomates en 4 rodajas y hazlas a la plancha. Sirve en el centro de una fuente amplia los tomate y alrededor coloca las hamburguesas. Decora con una rama de perejil.
Limpia la hoja de roble y los canónigos. Escurre bien y colócalas en un bol. Pica las cebolletas en tiras largas y aliña con aceite, vinagre y sal.

Consejo: El secreto de una buena hamburguesa radica en la calidad de la carne. Al formarlas, procurad manipularlas lo menos posible, para evitar que se pongan como una zapatilla.

Escalopes de ternera


La imagen no tiene porque coincidir exactamanete con el resultado de la receta.


Para 4 personas
4 escalopes de ternera
12 pimientos de piquillo
2 patatas
1 huevo
Harina
Pan rallado
Aceite
Sal
Perejil picado

Pon los pimientos del piquillo en la bandeja del horno. Echa sal y un poco de aceite y mételos en el horno a 160º durante 20 minutos. Pela, trocea las patatas. Fríelas y espolvorea con perejil picado.
Aplasta los escalopes con un cuchillo. Echales sal por los dos lados. Pásalos por huevo, harina y por último por pan rallado. Para que a la hora de freir no se levante el rebozado, con la parte roma del cuchillo marca en forma de rejilla una de las caras de cada escalope y fríelos en el aceite donde hemos frito anteriormente las patatas.
Presenta los escalopes junto con las patatas y los pimientos.

Bolitas fritas de calabacín y zanahoria

Bolitas fritas de calabacín y zanahoria

Una de mis normas básicas a la hora de comprar productos frescos es adquirir sólo los que estén en temporada. No es únicamente una cuestión de conciencia ecológica, sino que saben mucho mejor y son más baratos. Sin embargo, la carne es débil, y el otro día no pude resistirme al capricho de comer calabacín en abril a sabiendas de que no debería hacerlo hasta julio.

Llevaba tiempo con ganas de tomar unos fritos con esta hortaliza, sobre todo después del sonadísimo fracaso que tuve con unas tortitas de calabacín y zanahoria que preparé para unas amigas en Navidad. Una de ellas me pidió que cocinara una receta "muy sana" que había sacado de un libro, accedí y el resultado fueron una especie de plastas blandurrias y deformes que no te servirían ni en el vegetariano más lacio. Apuesto a que el tal libro era uno de estos que te regalan con la picadora o que te dan de promoción al comprar cualquier tontería.

Por suerte, estas bolitas no guardan ningún parentesco con aquella infamia. Gracias al desecado del calabacín y la presencia de la zanahoria, en su interior se forma un fantástico contrapunto entre lo blandito y lo crujiente, mientras el huevo y el pan rallado garantizan consistencia y un exterior firme. Acompañadas de una salsa de yogur se convierten en un aperitivo capaz de sustituir a las más engordantes croquetas, y también se pueden tomar como primero con una ensalada.

Dificultad

Para tontos muy tontos.

Ingredientes

Para 4 personas

  • 500 gr. de calabacín
  • 250 gr. de zanahoria
  • 1 cebolleta mediana
  • 8 hojas de salvia (en su defecto, tu hierba favorita)
  • 1 limón
  • 1 huevo
  • 2 cucharadas de pan rallado
  • 2 yogures griegos
  • Aceite de oliva
  • Sal y pimienta negra

Preparación

1. Rallar en grueso el calabacín, salarlo y dejarlo reposar envuelto en un paño limpio en un bol un mínimo de 30 minutos.

2. Mientras tanto, picar la cebolleta y pocharla en una sartén con un chorro de aceite a fuego suave unos 10 minutos, hasta que se ablande y se ponga traslúcida.

3. Rallar la zanahoria. Picar la salvia. Rallar el limón hasta obtener una cucharadita de ralladura. Preparar la salsa de yogur mezclando éste con el jugo de limón, sal, pimienta y un chorrito de aceite de oliva.

4. Escurrir al máximo el calabacín apretando bien el paño para que suelte todo el jugo posible. Mezclar el calabacín escurrido con la zanahoria, la cebolleta pochada, la salvia, la ralladura del limón, el huevo batido y el pan rallado. Tiene que formarse una pasta; si se ve muy suelta, añadir un poco más de pan rallado. Hasta aquí se puede hacer con antelación

5. Preparar un plato con papel de cocina. Corregir la pasta de sal, formar bolitas y freír en una sartén o cazuela con abundante aceite de oliva a fuego medio-fuerte. Dejarlas escurrir en el plato con papel. Servirlas acompañadas de un bol con la salsa de yogur, y untarlas en ellas según se van comiendo.

Rábanos asados con anchoa y rúcula

Rábanos asados con anchoa y rúcula.

Nunca se me había ocurrido asar un rábano hasta que la revista 'Bon Appétit' me abrió los ojos a la posibilidad de cocinar esta verdura. Siempre lo había tomado crudo, supongo que llevado por esa pereza mental que a veces te ataca en la cocina, y por la que tiendes a repetir procedimientos sin plantearte posibles innovaciones.

El caso es que fue todo un descubrimiento, porque como tantas otras verduras, el rábano se convierte en un alimento bastante distinto al aplicarle calor. Pierde esa agresividad crujiente, terrosa y un punto picante que me encanta, pero pasa a tener otras cualidades más amables: un sabor suave y un pelín dulce, y una textura mantequillosa fantástica.

Los rábanos asados encajan muy bien el empuje salado, ácido y picante de ingredientes como las anchoas, el limón y la rúcula, respectivamente. En cuanto a la mantequilla, cuando está caramelizada como aquí es un verdadero vicio, pero si pertenecéis al Frente de Liberación de la Cocina sin Lácteos podéis usar aceite de oliva sin problemas.

Dificultad

Para adoquines.

Ingredientes

Para 4 personas

3 manojos de rábanos (unos 25-30)
150 gr. de rúcula
1 limón
1 diente de ajo
2 filetes pequeños de anchoas en aceite
2 cucharadas de mantequilla
Aceite de oliva

Preparación

1. Precalentar el horno a 230 grados.

2. Limpiar los rábanos, cortarlos por la mitad, embadurnarlos en un poco de aceite y ponerlos con la parte cortada hacia abajo en una bandeja o fuente de horno. Asarlos unos 20 minutos, moviéndolos de vez en cuando, hasta que estén hechos pero aún enteros.

3. Mientras, poner la mantequilla en un cazo pequeño a fuego mínimo. Cuando se haya derretido, añadir las anchoas y el ajo partido en dos. Dejar que se haga lo más suavemente posible unos 10 minutos, sin hervir, hasta que las anchoas se disuelvan al remover y la mantequilla coja un color tostado. Desechar el ajo, añadirle un chorro de zumo de limón y menearlo para que se mezcle.

4. Servir los rábanos con la mantequilla con anchoas y la rúcula picada por encima, y corregir de sal si es necesario. Están fantásticos como acompañamiento de una carne o encima de una tostada de pan bueno.

Noquis de sémola de trigo de la abuela Eulalia

Fuente

Tras el éxito de las alcachofas de la 'nonna' Sara, llega una nueva entrega de la serie Abuelas por el Mundo con una particular receta de ñoquis. Su artífice es una señora argentina llamada Eulalia, a la que no tuve el gusto de conocer pero de cuyo nieto, el fotógrafo Gastón Gil, me considero amigo. Él me la dio a probar en una cena hace algún tiempo, y desde entonces le he estado dando la tabarra para que me pasara la receta.

Gastón recuerda que estos ñoquis eran uno de sus platos favoritos de la infancia, y el que siempre pedía cuando iba a comer a casa de su abuela en Olavarría, provincia de Buenos Aires. Supongo que se aprovechaba del lujazo que supone para un niño tener un familiar que te haga pasta casera, siendo este alimento un favorito universal de los seres menores de 12 años. Por supuesto, Eulalia se lo ponía de entrante con un segundo potente para acompañar, no fuera a ser que el chaval se quedara con hambre.

Los ñoquis de sémola no se parecen mucho a los habituales que se toman en España. No llevan patata, y su tamaño es más el de una galleta gruesa que el de una pelotilla. Por lo que he leído se denominan ñoquis a la romana, y son parecidos en su composición a los que se consumían en Italia antes de la llegada del tubérculo a Europa desde Suramérica.

Cuando los vi por primera vez pensé que iban a ser como una losa en el estómago y que no iba a poder comer más de dos. Pero una vez en la boca resultan extrañamente ligeros, y menos pastosos que los de patata. Desde luego no es la primera comida que te daría Dukan al empezar su dieta, pero tampoco es que te explote en el estómago y te deje en letargo durante cuatro horas. En cualquier caso, es una delicia que además admite toda clase de salsas, desde una boloñesa hasta una putanesca pasando por una simple mantequilla con limón y salvia.

Dificultad

Hace falta un poco de arte.

Ingredientes

Para 4-6 personas

250 gr. de sémola de trigo
1 litro de leche entera
250 ml. de nata líquida
3 huevos de gallina campera
Nuez moscada
Queso emmental
Sal

Preparación

1. Batir los huevos.

2. Poner a calentar la leche en una cazuela grande a fuego suave. Cuando esté a punto de hervir, salar y poner nuez moscada rallada al gusto. Añadir la sémola con suavidad sin dejar de remover para que no se formen grumos. Aunque cuesta, es importante no parar de revolver.

3. Incorporar los huevos batidos y remover inmediatamente para que no cuajen con el calor. Seguir removiendo hasta que la masa se vuelva homogénea y se separe de las paredes de la cazuela.

4. Extender la masa con un rodillo engrasado con mantequilla en una superficie también engrasada. Hay que dejarla con una altura de un centímetro y medio aproximadamente: quedarán más jugosos y soportarán mejor posibles recalentamientos.

5. Precalentar el horno a 220 grados con el calor por abajo si es posible. Engrasar una fuente de horno con mantequilla.

5. Una vez extendida la masa, dejar que se temple un poco y cortarla con un cortapastas redondo (o de la forma que te dé la gana). Ir dejando los ñoquis en la fuente, ligeramente montados unos sobre otros. Hornear unos 20 minutos.

6. Sacar y mojar con la nata. Poner el calor del horno por arriba y por abajo, y volver a hornear otros 20 minutos, o hasta que la parte de arriba se gratine. Antes de sacarlo a la mesa, ponerle un poco de queso emmental rallado por encima para que se funda con el calor. Gastón recomienda servirlos con "un rico vino, un buen pan y grata compañía". "Y si nos ponemos glotones", avisa, "terminaremos desprendiéndonos un botón del pantalón".